SOMOS ANIMALES DE COSTUMBRE

¿Alguna vez se pusieron a pensar en que la mayoría de las cosas que nos fastidian o nos hieren tienen que ver con la costumbre? Bueno. Yo sí. Volviendo a mi relato sobre “El Principito” (no por nada es mi libro de cabecera 😛 ) , el zorro decía “…pero si vienes a cualquier hora, nunca sabré a qué hora preparar mi corazón… los ritos son necesarios”. Y así es… tanto nos acostumbramos a la rutina que formamos con otros seres que, una vez que no sucede algo como venía transcurriendo, nos provoca desilusión, nos sentimos miserables, y, peor, empezamos a elucubrar razones por las cuales ese ser ya no escribió como antes, ya no nos visitó con la misma frecuencia… empezamos a utilizar el término “raro”, nos convencemos de que se trata de desinterés, que al final no era tanto como parecía, que eso no era real, que todos los seres son así: efusivos al principio, aburridos al rato… pero… ¿saben qué? A veces no es tan así…

A veces simplemente pasa la vida… a veces imaginamos demasiado y, en nuestro mundo paralelo, las cosas no son como pensamos. A veces, así como nosotros vivimos a mil, los demás también. A veces 24 horas no alcanzan. A veces la propia rutina nos supera. A veces tomamos distancia sin querer. A veces nos escapamos por la mera conciencia, porque sabemos muy bien cuánto nos mata la costumbre y, por ello, intentamos desacostumbrar un poco al otro para que, justamente, cuando esa cuota de cotidianeidad no esté, no sufra tanto…

¿Cuántos planteos se han hecho carne de nuestra humanidad? ¿Cuántas palabras por demás se podrían haber evitado si tan sólo comprendiéramos que todo es producto de nuestra adicción a la costumbre?

Broken-Heart-45“Los ritos son necesarios”, dijo el zorro. Sí, lo son porque somos animales de costumbre. Porque vivimos atados a un mensaje de texto, a una rutina que nos esclaviza. No quisiera contradecir a este simpático zorro, porque bien sabe cuánto lo aprecio. Pero lo cierto es que, si bien son necesarios los ritos, no deberían condenarnos a la espera. Y eso es lo que hacemos. Si todo va bien, no nos damos cuenta. Porque todo marcha tan  fantásticamente perfecto que nos empuja a vivir en pos de eso. El problema llega cuando hay una pausa. Ahí se nos altera la tranquilidad, ahí empiezan los delirios mentales, ahí todo parece caerse y nos volvemos verdugos, jueces del resto, y, mucho peor, ombligos del mundo. Creemos que todo tiene que ver con nosotros, que si no escribió, si no llamó, si no vino, es porque algo cambió…. ¿qué nos pasa humanos? Relajemos un poco que nada es tan terminante hasta que el tiempo y los hechos digan lo contrario. Y, por sobre todas las cosas (algunos pueden tomar nota), no todo tiene que ver con el otro, amiguetes. A veces hay cosas que nos superan y nos empujan a dedicar tiempo, que antes teníamos, a otras. Y eso no es desinterés. Eso no es rareza. Eso no implica cambio más que el que salta a la vista: “a veces una puede ser Wonder Woman, otras tantas no!”

Nos acostumbramos a las cosas lindas, nos fanatizamos con la dulzura de algunos, poniéndolos en un pedestal que no merecen simplemente porque, al igual que nosotros, son humanos. Y, seamos sinceros, ¿a quién le gusta el “por qué no llamaste/escribiste/viniste”? Claro, cuando eso se dirige hacia nosotros, pensamos “hey, no pude, hice esto, aquello….” Y ahí entramos a enumerar las cien mil razones por las cuales se quebró la costumbre. Entonces, digo, si tenemos esos argumentos para el resto, ¿por qué no creemos que ellos también los tienen para con nosotros? Creo que nos hace falta una buena dosis de relax.

Pero somos animales de costumbre. Nos relajamos hoy. Nos ponemos la meta de tomarnos las cosas de otra manera, de abrir la mente, y así, creamos una nueva costumbre 🙂

Yo creo que nos hace falta volar un poco más, dejar de lado el quéhace/dice/piensa…. Dejemos que la vida nos sorprenda. No nos sentemos a esperar porque el que espera desespera y quien desesperado está nada bueno puede lograr. ¿Acaso no es lindo cuando sucede algo que no esperábamos? Sí, lo sé, también es horrible cuando una actitud que no imaginábamos se presenta ante nuestro ser y nos desgarra con un solo puñal. Pero a ver… pensémoslo bien, alguien que nos da esa puñalada… ¿realmente nos sorprende? Mmm… lo dudo.  Pasa que a veces nos acostumbramos a no ver, a no darle importancia a las señales que bien se presentan en un principio. Y ahí está el error. Por eso, la sorpresa. Por eso, la angustia desmedida. Quien es capaz de lastimarnos así no es alguien que tenga la capacidad de sorprender. Al contrario, nos ha acostumbrado a no poder ver quién se esconde detrás del disfraz (vale para la amistad, el amor, la política…) ¿Ven cuán jodida es la costumbre? Alguien que, por el contrario, tan sólo nos quita un poco de cotidianeidad, y vemos que verdaderamente es sólo eso lo que está haciendo, generalmente es tratado peor que al verdugo que ejecuta el puñal… pues pareciera un gravísimo pecado afectar la costumbre de un ser humano… pero somos animales de costumbre y con ello debemos aprender a lidiar…

Summer-happiness-photoNo podemos borrar la costumbre, pero sí podemos  manejar la ansiedad. ¿Cuál es la receta? No tengo fórmulas mágicas ni creo que me las sepa todas (lejos estoy de ello). Simplemente considero que tenemos que pensar más en nosotros mismos y que, si las costumbres son algo inexorable, armemos las propias sin depender del resto. Rompamos las balanzas, pues uno no quiere más o menos por un mensaje de texto, uno no es mejor o peor amigo de acuerdo a la cantidad de veces a la semana que se junta/habla/escribe, uno no tiene mayor o menor interés en alguien de acuerdo a la efusividad o al estúpido ABC de las relaciones. Todos somos distintos, todos tenemos nuestro propio mundo, todos tenemos nuestras costumbres y nuestros imprevistos. No contaminemos nuestro andar con tanto análisis innecesario. Dejémonos ser, dejemos ser al resto. Si la vida es una sola, vivámosla al máximo, agarremos el tablero y estallémoslo contra la pared, sepamos empezar de nuevo y que nuestra costumbre tenga como base eso: vivir para soñar, soñar para vivir, volar, dejarse sorprender sin dejar de estar atentos, saber ver, comprender un poco más, y, por sobre todo, relajarse un poco más que no sólo es salud, sino que es una buena costumbre capaz de sanar cuando el resto parece quebrar… 🙂

Silvina Rodríguez Gáspari 

10 respuestas a SOMOS ANIMALES DE COSTUMBRE

  1. La Elfita says:

    Hey hey hey hey,. me sentí tocada en un montón de puntos, en la de la amistad, el amor y la política 😛
    Ia tu sabe’ que te voy a decir… lo q esta bueno es q muchas veces siguiendo tus consejos se calmo una ansiedad que leyendo esta nota y rememorando situaciones empezó a aparecer de nuevo, en fin querida amiga… todo es culpa tuya, lo bueno y lo malo! que se haya ido y que haya vuelto…
    POR Q NUNCA VENIS A VISITARMEEEEEEEEE???????? 😛

  2. Denise Ponziani says:

    dale que lo releo maniana con caipirinha cero en sangre? juro que quiero pero no puedo en este momento! jaja igual te loviu y se que sos re capa escribiendo <3 pero lo mio es poco serio.

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