EL PRINCIPITO

Otro nuevo encuentro con la ficción en nuestra cotidianeidad. Hoy, esta preciosa obra maestra del genio Antoine de Saint-Exupéry. Hoy, con ustedes, mi libro favorito. Porque todos, o al menos unos cuantos, continuamos observando el universo como niños. Porque en este arduo camino llamado vida nos topamos con toda clase de seres y, de cada uno de ellos, siempre podemos sacar algo, siempre podemos aprender, ya sea para bien o para mal. Aquí mi fusión realidad-ficción. Aquí mi relato…

“Las personas mayores aman las cifras. Cuando les habla uno de un nuevo amigo nunca te preguntan de cosas esenciales. Jamás te dicen: “¿Cómo es su voz? ¿Cuáles son sus juegos favoritos? ¿Colecciona mariposas?” En cambio, te preguntan: “¿Qué edad tiene? ¿Cuántos hermanos tiene? ¿Cuánto gana? ¿Cuánto gana su padre?” Y, al obtener las respuestas a estas preguntas, creen ya conocer a las personas.”

Para empezar, debo confesar que conozco a “muchas personas mayores” y no se trata esencialmente de aquello que indica el DNI. Esta forma no discrimina edades. En un mundo tan contaminado por lo material y lo superficial pareciera que sólo interesa saber a qué se dedica uno mucho más que a conocer qué es lo que realmente le apasiona. Como “multitask girl” -que me  gusta llamarme-, me muevo en ambientes distintos y me entristece ver que cada vez son menos los que cambian el “¿de qué trabajás?” por el “¿efectivamente te gusta lo que hacés?”. No tengo que ir muy lejos para figurarme un momento como este. Hace poco conocí a dos personas que ingresaron al club en donde hago deporte y recuerdo la sensación de vacío que me despertó la frase “Hola, ¿vos trabajás? ¿Estudiás? ¿Ya te recibiste?”. Oh, my God!, me dije… Cuántas preguntas y ni siquiera saben cómo me llamo!!! Personas mayores, tal vez? Sí, de alma, puesto que su fecha de nacimiento dista demasiado de la mía, otorgándome el título de “señora” al lado de estas jovencitas, je!

2ewpcms“-Conozco un planeta donde hay un Señor carmesí. Jamás ha aspirado una flor. Jamás ha mirado una estrella. Jamás ha querido a nadie. No ha hecho más que sumas y restas. Y todo día repite como tú: “¡Soy un hombre serio! ¡Soy un hombre serio!” Se infla de orgullo. Pero no es un hombre; ¡es un hongo!

-¿Un qué?

-¡Un hongo!

El principito estaba ahora pálido de cólera.

-Hace millones de años que las flores fabrican espinas. Hace millones de años que los corderos comen igualmente a las flores. ¿Y no es serio intentar comprender por qué las flores se esfuerzan tanto en fabricar espinas que no sirven nunca para nada? ¿No es importante la guerra de los corderos y las flores? ¿No es más serio y más importante que las sumas de un Señor gordo y rojo? ¿Y no es importante que yo conozca una flor única en el mundo que no existe en ninguna parte, salvo en mi planeta, y que un corderito puede aniquilar una mañana, así, de un solo golpe, sin darse cuenta de lo que hace? Esto, ¿no es importante?”

Serio. Urgente. Apurado. Necesario. Obligado. Estos son los términos que manejamos en un gran porcentaje de nuestro acontecer diario. Todo gira en torno al “tener que” más que al “querer que”. Entiendo que esta vida acelerada nos tiene esclavos del bolsillo, del reloj, del deber ser. Así es que nos olvidamos cuán importantes son otras cuestiones que no se recuperan con “horas extra” porque a veces, simplemente, “es demasiado tarde”. Así como una cuenta mal hecha cambia el porvenir económico de una nación, una frase no dicha a tiempo, un abrazo no dado, la indiferencia misma, revoluciona el mundo de una persona, apaga su luz. Y, con esto, voy a lo mismo de siempre, ¿cómo pretendemos salvar a una nación si no sabemos relacionarnos como individuos???!! Al igual que El Principito, yo también pregunto: Esto, ¿no es importante?

30“Mientras el principito proseguía su viaje, se iba diciendo para sí: “Este sería despreciado por los otros, por el rey, por el vanidoso, por el bebedor, por el hombre de negocios. Y, sin embargo, es el único que no me parece ridículo, quizás porque se ocupa de otra cosa y no de sí mismo. Lanzó un suspiro de pena y continuó diciéndose:

“Es el único de quien pude haberme hecho amigo. Pero su planeta es demasiado pequeño y no hay lugar para dos…”

¿Cuántos faroleros pasan por nuestras vidas? Sus visitas pueden resultar demasiado fugaces, pero nos marcan para siempre. Ellos van repartiendo su luz y, a pesar de no poder quedarse a nuestro lado, siempre nos dejan algo que nos iluminará de por vida. Los faroleros no discriminan edad, género ni especie, ellos simplemente aparecen cuando menos los esperamos. En mi caso, he conocido faroleros de dos y de cuatro patas. Ellos han iluminado mi camino muchas veces, a ellos recuerdo siempre y por ellos siempre tengo una lucecita que me ayuda en los momentos de extrema oscuridad…

“¡No supe comprender nada entonces! Debí juzgarla por sus actos y no por sus palabras. ¡La flor perfumaba e iluminaba mi vida y jamás debí huir de allí! ¡No supe adivinar la ternura que ocultaban sus pobres astucias! ¡Son tan contradictorias las flores! Pero yo era demasiado joven para saber amarla.”

20A veces son las palabras, otras tantas aquello que sólo se muestra a simple vista… así prejuzgamos sin instancia de conocimiento exhaustivo. Nos dejamos llevar por lo efímero (aquel término que el Principito tanto insistía en conocer, pues no comprendía). A veces nos sentimos incapaces de amar por el mero hecho de autocensurar pensamientos, por querer controlar el tiempo, por no querer aprender a ver con otros ojos… a veces sólo amamos las palabras y tanto discurso opaca los hechos porque preferimos inventarlos y perdernos en frases hechas, en mandatos de terceros, en la “biblia del buen accionar”…. A veces no todas las flores son iguales, a veces realmente hay una flor que es única e irrepetible, pero algo más fuerte que nosotros nos empuja a tratarla como al resto… se preguntarán si conocí alguna vez a una flor como la del Principito… No lo sé. A veces soy demasiado como “las personas mayores” y me siento como el narrador a quien de pequeño censuraron sus dibujos por falta de comprensión. A veces siento que el mundo que sueño es tan sólo una utopía. Quizás porque me dejé llevar por esos terceros, por esas frases hechas que indican que todas las flores son iguales, que sólo se distinguen por peculiaridades ínfimas. Sinceramente no lo sé… pero sí puedo decir que algo sé con seguridad: más allá de los mandatos, más allá de las racionalidades a las que muchos ponen esmero en demostrar, elijo seguir soñando y dejar un espacio en mi corazón para esa flor única que en algún lugar del Planeta (éste o cualquier otro) espera por mí para que cuide y ame como a ninguna otra…

Verán, al igual que El Principito, he conocido seres como el rey, siempre dispuestos a dar órdenes, atentos al juicio seguro sin razón, a las condenas de los sinsentidos. También me topé en mi andar con algunos como el vanidoso, profetas del monólogo, desinteresados de todo aquello que no tenga que ver con sus propias vidas, siempre protagonistas, nunca cómplices. He visto, además, bebedores eternos, víctimas de sí mismos, que caminan sin cesar en su propio círculo, tropezando una y otra vez con el mismo obstáculo sin darse cuenta siquiera. No faltó, tampoco, un hombre de negocios que contabilizara cada uno de sus pasos, que midiera la madurez en términos de “obligaciones rutinarias”, que no conociera el mundo de los sueños. Me he topado con geógrafos que sólo miran lo superficial y dejan para otros la profundidad. He conocido serpientes capaces de aniquilar una idea en una milésima de segundo. Vi guardagujas que pasan el tiempo clasificando, esteriotipando, creyendo que nadie es feliz donde se encuentra… Pero también, he conocido seres como el zorro, que me han enseñado el significado de un lazo, de un rito, que me han domesticado y a la vez han permitido que los domesticase.

“-Adiós -dijo el zorro-. He aquí mi secreto, que no puede ser más simple: sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos.”  

38Creo que nunca leí ni sentí palabras tan sinceras como las de este zorro, pues deberíamos aprender a dejar un poco de lado tanto machaque mental para entender que, muchas veces, sólo es el corazón el que manda. Frase hecha si la hay, lo sé. Pero una gran verdad también. Si sintiéramos con la misma intensidad que le ponemos a cada uno de nuestros pensamientos el mundo no sólo sería distinto, sino que también se borraría esa idea de que todos somos tan iguales, para poder apreciar las particularidades de las que estamos hechos. Y claro, no es una tarea nada fácil, pues para ello hay que saber qué implica la domesticación y, tal como recordaba el narrador “si uno se deja domesticar, corre el riesgo de llorar un poco…” Sucede que a cierta altura de nuestras vidas, ya no estamos dispuestos a derramar más lágrimas y, por ello, construimos un muro que nos proteja de cualquier potencial domesticación. Pero… ¿de qué nos sirve? ¿Acaso sólo queremos vivir para hacer cuentas, para medir, para categorizar, para ser sólo nosotros mismos, para creer que todo es igual? No, no y no. Yo elijo llorar. Yo elijo no mirar tanto y sentir un poco más. Porque de tanto mirar nos hemos vuelto ciegos y, como “los ojos están ciegos, es necesario buscar con el corazón”.

Silvina Rodríguez Gáspari

2 respuestas a EL PRINCIPITO

  1. Denise Ponziani says:

    Es hermoso amiga! Mi libro favorito en el top five de libros favoritos. Junto con Rayuela hay que aplicarlo en la vida más de una vez. Me encantó 🙂

    • Gracias amiguita de mi corazón 🙂 Me alegra que te haya gustado… por supuesto que Rayuela estará en “De Ficciones y Realidades” 🙂 Cortázar love! Te Quiero Mucho linda, gracias por estar siempre presente en este espacio que tanto amo 🙂

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