EL EXTRAÑO CASO DEL DR. JEKYLL Y MR. HYDE

Siempre se dijo que la pasión de un científico lo conduce a la locura, a la pérdida de toda noción real, a la obsesión por investigar, descubrir, profundizar. Asimismo, se dice que los escritores y arduos fanáticos de la literatura podrían ser comparados con esa alucinación a tal punto que ficción y realidad se entremezclan y no permiten dilucidar cuándo se está en presencia de una o la otra, pareciendo que todo tiene que ver con todo y que cualquier respuesta puede ser encontrada en uno de los libros que componen la Literatura Universal.

Así es que arranco esta nueva sección de mi Desparpajo Creativo, intentando plasmar esas fusiones que se producen en mi acontecer diario. Parece que la “insanía” ha golpeado mi puerta y, cual científico esquizofrénico, he decidido darle albergue por un largo tiempo.

Verán, para arrancar escojo un clásico de las dualidades no sólo por ser una maravillosa pieza de la Literatura, sino porque es una de las historias que más pueden verse reflejadas en nuestra realidad. Se preguntarán cómo es posible encontrar fuera de un libro a un ser con la capacidad de ejercer transformación tan monstruosa con sólo beber una pócima. Bueno, no seamos tan rígidos a la hora de interpretar que no sólo de sustancias se nutre el hombre para experimentar cualquier tipo de metamorfosis.

Sin más preámbulo, paso a contarles la historia de este Jekyll/Mr. Hyde que he tenido el agrado de conocer. Sí, lo sé, tal vez suene morboso mencionar la palabra “agrado” al referirme a este ser dual, pero, créanme, su gentileza sobrepasa la del notable Doctor Jekyll y, a decir verdad, sus crímenes no son “tan” abominables como los cometidos por Mr. Hyde.

Ahora bien, a fin de no trastornar la lectura, llamemos a este personaje “real” Lord Nímada & Sir Námida. Como amante de las novelas de caballería y la mitología, he decidido fusionar estas dos inclinaciones para formar ambos nombres.

Para empezar, al igual que Doctor Jekyll, Lord Nímada era todo un señor, de sangre noble y buenas costumbres. Su presencia era bienvenida en cualquier ambiente, pues a todos deleitaba con su extrema bondad y su talentosa  oratoria. Respetado en cada pueblo al que acudía, su conducta intachable jamás permitiría dudar sobre su accionar. Siempre se encontraba ayudando a los demás a pesar de que sus innumerables ocupaciones lo reclamaran a cada instante. Tal como describe el notario a Henry Jekyll: una de esas buenas personas que “hacen el bien”, como suele decirse…” Sin embargo, la triste realidad nos dice que, al igual que Doctor Jekyll, Lord Nímada sentía el menester de dejar fluir el lado más oscuro que nadie imaginaría. Así, pues, nació Sir Námida.

The-Strange-Case-of-Dr-Jekyll-Mr-Hyde-image-682x1024Me sentí mas joven, más ágil, más feliz físicamente, mientras en el ánimo tenía conciencia de otras transformaciones: una terca temeridad, una rápida y tumultuosa corriente de imágenes sensuales, un quitar el freno de la obligación, una desconocida pero no inocente libertad interior. E inmediatamente, desde el primer respiro de esa nueva vida, me supe llevado al mal con ímpetu decuplicado y completamente esclavo de mi pecado de origen.”

Si bien esta cita corresponde a la confesión de Henry Jekyll, no sería desacertado atribuírsela a Sir Námida, puesto que fue la maldita tentación humana la que lo llevó a ceder, a vender su alma al mismísimo demonio, a dejar de lado ese tinte de “hombre bueno” para convertirse en presa de lo morboso, lo sádico, lo perverso. Contrariamente a Lord Nímada, Sir Námida no creía en las buenas costumbres, de hecho, sentía un febril deseo por romper las reglas, ir más allá de lo establecido y hacer todo lo que los demás condenaran. De este modo, él no necesitaba de una poción que lo transformase, pues casi como por arte de magia, virtualmente se convertía en otro ser y acudía al encuentro de lo prohibido con una magistral hazaña que obraba de disfraz y le permitía no ser descubierto jamás. Pero un día yo lo vi… oh sí… un día me encontré con él…

“…Me impresionaron también su expresión malvada y, quizás aún más, el extraordinario sentido de escalofrío que me daba su simple presencia.  Esta sensación particular, semejante de algún modo a un principio de rigidez histérica y acompañada por una notable reducción del pulso, la atribuí entonces a una especie de idiosincrasia mía, de mi aversión personal, y me extrañé sólo de la agudeza de los síntomas; pero ahora pienso que la causa hay que buscarla mucho más profundamente en la naturaleza del hombre, y en algo más noble que en el simple principio del odio…”

Así describía Lanyon a su querido amigo Jekyll cuando descubrió la verdad. Así me sentí yo cuando me crucé con Sir Námida: Escalofríos, una sensación de incomprensión total y la necesidad de poder verlo más allá, sin juzgar por maldad lo que había conducido a esta persona a obrar de tal manera…

En mi afán de entender, de no convertirme en jueza de lo que está bien y lo que está mal, me urgía cada vez más conocer a este misterioso personaje, pero debo admitir que no era nada fácil. Su disfraz era tan efímero como su maldad, su capacidad de escabullirse era brillantemente admirable y, por sobre todas las cosas, nunca había conocido a Lord Nímada en persona, por lo que, aún sabiendo que yo ya lo había visto, él contaba con la tranquilidad de que jamás podría delatarlo.

jekyll-and-hyde1Así pasó el tiempo y de la mera curiosidad pasé al interés siniestro por explorar un poco más la vida de este ágil embustero. Aún sabiendo que este último calificativo era el que mejor le correspondía, no podía evitar concertar un encuentro más e intentar descifrar qué daño tan malo había sufrido en su vida para querer hacer el mal a los demás. Entonces me di cuenta de que su accionar no era voluntario. Había algo más fuerte que él que lo empujaba a la atrocidad, al desenfreno, a la búsqueda constante por lo macabro. Y me temo que eso me sedujo, pues lo incomprensible es atractivo a los ojos de los curiosos y mucho más encantador ante las mentes inquietas que siempre buscan algo para investigar, observar, analizar. De esta manera, me fui haciendo parte de su disfraz, después de todo, como fiel lectora de las novelas de caballería, no podía perderme de esta aventura con tan apuesto caballero. Y me sumé a su maldad y fue exquisitamente celestial. De pronto me vi inmersa en este libro en el que tanto insisto en comparar y hasta dudé de no tener yo también un poco de Hyde…. una sonrisa perversa me invadió y supe que no habría vuelta atrás…

Aquel disfraz que parecía único para un solo ser dual, se habría fusionado en una segunda dualidad, la de mi persona. Ambos éramos Hyde. Ambos éramos producto de la misma metamorfosis. Ambos éramos una misma paradoja. Ambos sabíamos que, antes de juzgar y dividir al mundo entre el bien y el mal, habría que conocer un poco más. Y, sobre todo, ambos sabíamos que no estábamos solos, pues quienes más instan a elevar el dedo acusador son a quienes más deberían atribuírseles las peores aberraciones. Ambos supimos que éramos uno en dos. Ambos nos dimos cuenta de que éramos lo mismo. Ambos nos vimos y supimos que éramos todos…

Porque todos tenemos unos gramos de Jekyll y una pizca de Hyde. Todos gozamos de aquello que parece imposible de alcanzar. Todos somos ángeles con un tridente escondido. Todos somos víctimas de alguna dualidad. Todos llegamos a contradecir discursos del pasado (el archivo nos condena). Todos nos enredamos, todos nos desatamos. Todos mechamos ficción con realidad casi sin darnos cuenta. Algunos prefieren el romance, otros la acción, y un sinnúmero de delirantes -como quien escribe- se inclinan más por el suspenso…. Por aquello que genera incesantes interrogantes, aquello que exprime las venas, golpea el pecho y extasía… aquello de lo que nada se sabe, pero seduce al pasar… ya nada será igual, nada llano, nada normal. Y por un tiempo más seré presa de este asunto, pero tal como dijera Enfield en este talentoso  manuscrito, “cuanto más extraño me parece algo, menos pregunto.”

Silvina Rodríguez Gáspari

2 respuestas a EL EXTRAÑO CASO DEL DR. JEKYLL Y MR. HYDE

  1. Denise Ponziani says:

    Gosh! me encantó! leí sádico y perverso y me gustó aún más jajajaja (muy fifty?) igual fue INTRIGA la palabra adecuada. ..

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