CREO

Días, semanas, meses, planeando mi regreso, sufriendo por cada nota no escrita, por cada idea a medias. Sabrán comprender que a veces las musas se toman un descanso cuando se encuentran con mentes con tanto conflicto irresuelto. Y uno no las busca, las deja ir, porque las conoce, ya son parte del aire y, por ello, sabe que solas regresan. Sin aviso, sin preparar un contexto “apropiado”, cualquier escenario es bueno.

pintada

Particularmente, me volví a topar con ellas hace unos días, mientras viajaba en micro. Un destino simple: trámites. Sin embargo, allí estaban, metiéndose en mis auriculares, opacando la música común, para brindarme su propia melodía. Dictaron algunos acordes y se retiraron…. Quedé pensando qué hacer con esta pieza inconclusa, pero no quise apresurarme. Así, mi paciencia me llevó a despertarme sobresaltada en medio de la noche y decir “lo tengo!!!” cual Eureka!

Así nació y está naciendo “Creo”, porque está fluyendo en este preciso momento. Porque las musas decidieron cebarme unos mates y acompañarme un buen rato esta noche. Con ello, tengo la prueba más clara de mi “creo”, pues imaginaba a mi inspiración agonizante, pero hoy veo que tan sólo tomó una merecida siesta.

Por eso, creo en todo lo que veo, en lo que no, en aquello que siento, en lo que puedo imaginar y en eso que logro percibir a larga distancia.

Creo en el mar porque ha sido una gran musa durante muchos años. Creo en la brisa de la playa que supo abrazarme cuando mis lágrimas dibujaron una mueca de tristeza en la arena.

Creo en la lluvia suave que te moja, pero te cuida. Esos instantes efervescentes de caminata sin paraguas que te sacan una sonrisa. Aquellos momentos en que no hay nada más lindo que mirar al cielo y decir ¡Siii, me estoy mojando y realmente lo disfruto! Porque la lluvia nos hidrata, nos quita el pesado calor de un mal rato.

Creo en el sol que motiva las sonrisas, los paseos, los encuentros al aire libre. Creo en esa luz que en invierno te cobija y en verano te hierve la sangre para impulsarte a tirarte a la pileta con la plena convicción de que está más que llena.

Creo en la brisa de primavera que te brinda una caricia y, como si fuera una varita mágica, te da un pequeño toquecito para que puedas ver todo aquello que te parecía pura bruma con mayor claridad.

Creo en los colores para dar vida, para resignificar momentos y estados de ánimo. Aunque, a veces, lo retro también hace lo suyo y le pasa el trapo a lo colorido.

Creo en la música, capaz de quitar a alguien de un lugar en el que tal vez no se halla a sí mismo para transportarlo a un sitio más confortable.

Creo en el deporte, en su condimento físico y mental. Creo en su capacidad de llevarte al más allá y no pensar en nada más que en el placer que te provoca tener la posibilidad de hacerlo. En mi caso, la natación. Y, como escritora y amante de la ficción, no puedo negar que en más de una ocasión he cerrado los ojos imaginándome cual sirena. Porque creo en la ficción y en la magia de una historia bien contada.

Creo en las palabras simples, en la sencillez de una frase dicha con el corazón. Los adornos se pierden con el tiempo. La simpleza de la sinceridad se imprime en el alma.

Creo en el amor por donde se lo mire. Creo en la familia unida, en los verdaderos amigos, en el amor sincero e incondicional de los animales y, a pesar de las malas experiencias, los tragos amargos, los desprecios, las decepciones y la nada misma que parece ser la oferta del día, creo en el amor entre dos personas. Creo en el “uno para el otro”, creo en la franqueza, en la espontaneidad, en la efectividad de una sonrisa, en lo reconfortante de un abrazo, en la sabiduría de una mirada.

Creo en un mundo mejor, en el no a la guerra, en la pluralidad de voces, en el respeto por la opinión distinta, en la libertad, en un hogar para quienes no lo tienen (para los humanos y para todas las especies).

Creo en la verdad por sobre todas las cosas, a pesar del dolor que ésta pueda ocasionar. Creo en la mentira como el puñal más doloroso que alguien puede experimentar, como así creo que ésta se puede evitar.

Creo en la garantía del afecto por sobre la medicina. El amor, la amistad, la familia, la convicción y la fortaleza interna muchas veces le han ganado a la ciencia.

Creo que si todos tuviéramos un poquito más de fe en nosotros mismos y en quienes nos dan la mano en este arduo camino no habría males que curar ni guerras que impedir.

Creo en mí. Creo en vos. Creo en todos los soñadores del universo, en las ideas, en los proyectos y en los imposibles que se tornan posibles en un abrir y cerrar de ojos,

FELIZ 2013!

Silvina Rodríguez Gáspari

 

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